martes, 3 de marzo de 2015

SALUD: ¿POR QUÉ LOS PIES SE ENFRÍAN TANTO?

Se debe a que los órganos internos, sobre todo el cerebro, tienen que estar a 37 grados para funcionar bien. Si baja la temperatura, el cuerpo reacciona enviando más sangre a esas zonas para mantenerlas calientes, con lo cual llega menos flujo sanguíneo a otras, como manos y pies. Normalmente, las personas muy delgadas se ven más afectadas por el frío en las extremidades. Un caso crítico es de quienes sufren el fenómeno de Raynaud: con bajas temperaturas se les constriñen los vasos sanguíneos periféricos, y las manos y los pies no solo se hielan, sino que llegan a ponerse morados y, en el peor supuesto, a gangrenarse.


sábado, 28 de febrero de 2015

RELATOS INSPIRADORES: ¿EL AYUNO Y LA ORACIÓN SON REALMENTE EFICACES?

Cuando Slaviza tenía trece años de edad, ella y sus cuatro hermanos quedaron huérfanos. Entonces Slaviza decidió hacer lo que pudiera para atender a las necesidades de su familia. Cada día trabajaba durante muchas horas. De esa manera, fueron pasando los años, hasta que ocho años después se encontró enferma de tuberculosis. Su cuerpo no pudo soportar tanto esfuerzo continuado.
Pronto debió de ser ingresada en el hospital. Mientras estaba tan afligida, una noche tuvo un sueño que la impresionó mucho. Slaviza creyó ver a Jesús en el sueño. Él llevaba un libro bajo el brazo, y la miraba atentamente a su rostro y le preguntaba:

-Slaviza, ¿estás bien hoy?
- No- contestaba ella-, estoy muy enferma.

El hombre del sueño abríua el libro y lo colocaba delante de ella, y señalándolo le decía:

-Lee este libro y sanarás.

Slaviza esra católica y un día le visitó el cura. Ella le contó el sueño pero el cura le dijo que lo olvidara, y le dejó un pequeño libro con leyendas acerca de los santos. Slaviza notó que ese no era el libro del sueño.
Durante su estancia en el hospital Slaviza tenía una compañera también enferma que era musulmana. Un día un hombre fue a visitas a esa mujer, y el hombre fue a coger una revista que estaba en su mesita, más la mujer le dijo que era una publicación para mujeres y el hombre desistió. Entonces Slaviza le pidió permiso para hojear la revista, la cual resultó ser una publicación adventista.
Unos días después, la mujer musulmana tuvo la visita de un pastor adventista, quién dio algunas publicaciones a Slaviza, entre ellas, el libro que había visto en el sueño.
Con el tiempo Slaviza aceptó el mensaje adventista y se bautizó.
Un día el neumólogo le dijo con franqueza que no había ninguna esperanza para ella, y que sólo viviría a lo sumo unos pocos meses más. Ante esta confesión, Slaviza se pasó todo el día llorando hasta que recordó el sueño y el preciosos libro que había visto en él, junto con la promesa que Jesús le había hecho de que sanaría si lo leía. Con renovado fervor, tomó su Biblia y comenzó a leer, hasta que llegó al lugar donde se describe como Cristo había levantado a Lázaro de la tumba; y entendió que para Dios nada es imposible.
Con mucho ánimo, Slaviza pidió a los miembros de la iglesia que oraran por ella y ella aceptó en su corazón que Dios la mejoraría en su enfermedad.
Mandaron a Slaviza a un sanatorio. Después de minuciosos exámenes, diez médicos le confirmaron su gravedad y le aseguraron que moriría.
En el sanatorio se corrió la voz de su inminente y segura muerte y todos sentían compasión por ella hasta el punto de incomodarla, de manera que decidió volver a su casa.
Cuando llegó, confió sus preocupaciones al mayor de sus hermanos y a los miembros de su iglesia. Ellos hicieron un día de ayuno y oración por Slaviza. El caso es que poco después Slaviza comenzó a sentirse mejor y a recuperar peso.
Después de tres meses volvió al especialista que le había enviado al sanatorio y el médico le miró como si no pudiera creer lo que veía: ¿Qué te ha pasado? El médico ordenó inmediatamente un exámen completo y detallado y luego de estudiar los resultados le dijo: "Estás completamente curada, todas las cicatrices de los pulmones han desaparecido. Ésto es increíble".
Después de un año, Slaviza decidió volver al sanatorio para dar su testimonio para la gloria de Dios. Se entrevistó con uno de los médicos que le habían sentenciado a muerte, y éste no se lo creía. Pero Slaviza llevaba el resultado del último análisis de sangre y las radiografías que le habían hecho allí, y se las mostró.
Me preguntó: ¿Qué hizo para recuperarse? y contestó: "Usted me dijo que moriría, pero Dios me sanó".
A lo largo de su vida, Slaviza ha llevado a cuarenta personas al Salvador gracias a su testimonio personal.

Como veis, para Dios no hay nada imposible. Y desde este blog pido que si hay alguien que quiera contar su testimonio, sería de un gran apoyo para todos los que estén dispuestos a leerlos y a confiar en las promesas del Señor.

sábado, 3 de enero de 2015

lunes, 10 de noviembre de 2014

TESTIMONIOS INSPIRADORES

   En la Biblia encontramos un versículo que nos dice lo siguiente: "Y acontecerá que en aquellos días, derramaré mi espíritu sobre toda carne" (Joel 2: 28) Muchos cristianos en la actualidad piensan que hoy Dios ya no nos muestra nada mediante sueños y visiones. Yo respeto esta opinión pero no la comparto porque precisamente hoy os traigo un relato relacionado con este tema y que está extraído del libro "Dios de maravillas".
 

   En 1.910 el pastor O.E. Davis, era presidente de la Misión Adventista de Guyana Británica. Un día llegaron a su oficina notícias de unos indígenas cristianos que vivían cerca del Monte Roraima. Se decía que uno de sus caciques había tenido una visión en el que un ángel le indicó que su pueblo debía cambiar sus vidas y prepararse para la venida de Jesús.
   El Monte Roraima queda cerca del punto donde se unen las fronteras de Brasil, Guyana y Venezuela. Aunque se trataba de más de 320 kilómetros a través de la selva, el pastor Davis decidió ir inmediatamente a visitar a esas personas.
   El pastor llegó tras muchas penurias a las cercanías del Monte Roraima, y durante algunos meses permaneció entre un grupo de esa región. Aprendió algunos elementos de su lengua y a su vez enseñó al pueblo a cantar algunos himnos cristianos, pero poco tiempo después el pastor falleció.
   Después de su muerte pasaron dieciséis años antes de que la Misión Adventista pudiera enviar a otra persona para vivir permanentemente entre aquella gente.
   Fue en 1.927 cuando el pastor Alfredo Cott y su esposa Betty Bulher de Cott, salieron de Georgetown para establecer su residencia en la aldea de Arobopó. Allí organizaron una escuela y comenzaron a trabajar con los aldeanos. Más tarde se trasladaron a una aldea más grande llamada Acurima.
   Este matrimonio tenía inquietud por descubrir a quién se le había aparecido un ángel. UN día, una joven que les acompañaba les contó que su esposo le había dicho de un lugar, a un mes de camino con muchas dificultades, en plena selva, se encontraban unos indios Waki Kru que eran muy buenos y que su cacique Promi había visto a un ángel.
   A raíz de esta conversación prepararon un viaje que duraría dos meses.
   Salieron en Agosto porque se suponía que ese mes era de más sequía puesto que debían pasar por una gran cascada para atravesar un caudaloso río que los separaban de la zona que debían visitar.
   Después de varios peligros con tigres y con la cascada que casi les cuesta la vida, llegaron a la aldea.
   Lo primero que hicieron los aldeanos fue preguntarles si podían ver sus Biblias. Se las enseñaron y ellos, convencidos, les dijeron que eran sus misioneros. Desconcertados, la pareja les preguntó cómo sabían que eran misioneros y ellos le respondieron que Auca les dijo que traerían un libro negro del país que se llama Inglaterra.
   El pastor y su esposa abrieron las tapas de su Bíblia y comprovaron que efectivamente, se había publicado en Inglaterra.
   Auca había muerto pero su hijo, el cacique Promi, había instruído bién al pueblo.
   La pareja notó que sus cuerpos y vestidos estaban limpios y que conocían algunas palabras en inglés.
   El cacique Promi y los integrantes de la aldea les guiaron hasta una casa limpia, blanqueada con cal, y dijeron: -La hicimos para ustedes, nos tomó muchos meses.
   Nos ofrecieron plátanos, papas y yuca, debidamente labados y eso nos impresionó porque los indios no suelen lavarlos.
   Cada vez se hallaban más intrigados y les pidieron que les contaran con todo detalle cómo sabían tantas cosas acerca de la fe de Jesús.
   Entonces Promi les explicó que su padre un día que celebraba una reunión, súbitamente dejó de hablar. Sus ojos parecían de vídrio. Miraba hacia el cielo y ya no parecía respirar. Cuando Auca, su padre, volvió a respirar, su hijo le preguntó si estaba enfermo pero él le dijo que no y le contó que había visto a un ángel; y en varias de estas visiones el ángel le contó que el pueblo debía lavarse y6 ser límpio, y que debían tener sólo una esposa (papá tenía tres). También le dijo que debían guardar el séptimo día como día santo. El ángel dijo que el sábado empieza a la puesta del sol del viernes, y que el tiempo es sagrado hasta que el sol se vuelve a ocultar otra vez. Dijo que no trabajáramos entonces y que comiéramos poca comida el sábado. Mucha comida da sueño.
   Tampoco comían sangre, cosa que era habitual en ellos, ni tomaban carne de animales inmundos como lo enseña la Biblia. Y tampoco tomaban licor. Así mismo, conocían los remedios naturales para sanar a los enfermos.
   También conocían detalles acerca del juicio y de las siete postreras plagas, tal como se detalla en la Biblia.